viernes, 3 de junio de 2011
Ayer noticia, hoy no lo recuerdo.
Hace unos meses los periódicos hablaban de Túnez. Hace unos meses la noticia estaba en Egipto. Hace unos meses sufríamos el encarecimiento del petroleo por los sucesos acaecidos en Libia. Hace unos meses todo aquello era noticia, expectación. Todos los ojos se volvían a aquellos lugares distantes. Los pacifistas de nuestro país y de otros salían indignados a la calle a gritar contra la intervención de los países occidentales cuya cabeza visible no podía ser otra que la de EEUU. Como digo, todo eso era noticia. Pero como suele pasar en el animo de los humanos toda agitación y notoriedad suele ser tan fugaz como las hojas que se caen en otoño. Cuando caen todas las hojas de los arboles llega un tiempo de quietud hasta que vuelve a estallar los colores vivos en las ramas. El Ser Humano al parecer tiene la misma tendencia, nos agitamos con el viento que sopla pero después nos olvidamos de el y permanecemos tranquilos, hasta que nos volvemos a agitar y así una y otra vez. Un ciclo. Lo que hoy es noticia, mañana poco menos que es una linea perdida en la ultima pagina de algún periódico. Y al día siguiente ni eso. Nos agitamos y nos estremecemos ante las imágenes de conflictos armados que asolan el planeta y que aparecen de vez en cuando en las telediarios. Se nos remueve las entrañas en ocasiones, pero ¿Y luego qué? Luego volvemos los ojos ante el plato de comida y oiremos tranquilamente sobre quién a ganado la liga este año. Y sobre que a pasado en tal lugar distante y remoto no nos volvemos a acordar a no ser que alguien nos lo comente o vuelva a aparecer en la caja tonta con la etiqueta de ultima hora, de noticia noticiosa. En fin somos así, unos seres que nos encanta lo nuevo, la novedad, el momento. Pero que pasado el momento nos olvidamos de todo aquello y dejamos que los acontecimientos sigan un transcurso que para nosotros sera ya lejano y poco interesante.
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