Se acercan las ya tradicionales fechas navideñas. Son unas fechas dónde las agendas se llenan de días en rojo, cenas de empresa, comida o cena con los amigos, la tradicional cena de noche buena, etc ocupan gran parte de nuestro tiempo. Unas fechas también donde los bolsillos se vacían por las tradicionales compras navideñas y en las comidas de empresa, los décimos de lotería del día 22 y demás.
Pasan los años y cada vez estoy más convencido que hay muy pocas cosas que no se repetirán durante estas fechas que no se hayan repetido ya en anteriores años. Recuerdo que antaño recibía estas fechas con entusiasmo, cuando era niño. A mis ojos de tierno infante el mundo por Navidad se volvía diferente, con una magia extraña. Aunque era una época dónde los regalos de Reyes y de Papa Noel parecían que era el centro del mundo para mis ojos no todo eran regalos. Como digo pensaba que era unas fechas mágicas, con una extraña belleza en ellas. Unas fechas donde los árboles de Navidad y los Belenes se apoderaban de los rincones de las casas. Una época del año dónde las luces brillantes y parpadeantes se apoderaban de las calles. Una época dónde la programación de la televisión se teñía de espíritu navideño en forma de películas y episodios especiales de las series que más me gustaban. Era una época creada para sentirme feliz, eso era lo que pensaba por aquella época.
Pasan los años y cada vez estoy más convencido que hay muy pocas cosas que no se repetirán durante estas fechas que no se hayan repetido ya en anteriores años. Recuerdo que antaño recibía estas fechas con entusiasmo, cuando era niño. A mis ojos de tierno infante el mundo por Navidad se volvía diferente, con una magia extraña. Aunque era una época dónde los regalos de Reyes y de Papa Noel parecían que era el centro del mundo para mis ojos no todo eran regalos. Como digo pensaba que era unas fechas mágicas, con una extraña belleza en ellas. Unas fechas donde los árboles de Navidad y los Belenes se apoderaban de los rincones de las casas. Una época del año dónde las luces brillantes y parpadeantes se apoderaban de las calles. Una época dónde la programación de la televisión se teñía de espíritu navideño en forma de películas y episodios especiales de las series que más me gustaban. Era una época creada para sentirme feliz, eso era lo que pensaba por aquella época.
Más entrado el tiempo la magia que impregnaba la Navidad cuando era tan solo un crio se volvió diferente. La magia no desapareció pero sí que adquirió el regusto de los recuerdos de cenas navideñas dónde se sentaban más a la mesa que ya no se volverían a sentarse. Y hoy en día a punto de entrar en el ecuador de la veintena el regusto por otras navidades pasadas me persigue en el paladar, pero apenas queda ya de la magia que sentía antaño por estas fechas. Siento qué cada vez es más consumismo y menos el sentimiento de estar con los demás. Pienso que hasta se nos hace ya una obligación casi sagrada el hacer las comidas y cenas navideñas por qué es lo que toca.
No sé, es lo que pienso ahora. Veo que desde Septiembre que los anuncios de juguetes se dispara viendo ya el negocio de las navidades para que los niños den rienda suelta a sus lenguas y pidan una y otra vez el juguete tecnológico nueva generación que han visto solo hacía un minuto escaso por esa caja tonta que llamamos televisión. Recuerdo que de niño solo veía los turrones y algunas marcas dedicadas a productos navideños durante unas semanas antes de la Navidad. Y tal vez me equivoque, pero ahora no se van de las tiendas, se repliegan tal vez en número pero siguen ahí. Recuerdo que en Navidad era un tiempo dónde la mesa se vestía de gala y se ponían a la mesa productos que a lo largo del año eran muy difíciles de encontrar.
Sin embargo ahora lo que comemos en Navidad lo podemos comer sin ningún problema a lo largo del año. Esto si no lo sumamos a que las Navidades son una fiesta Cristiana y que hoy en día hay más ateos que cristianos en nuestro país si no estoy en un error. Las Navidades son unas fiestas donde se celebra el nacimiento de Cristo, a pesar de que parece que lo único que celebramos hoy en día es el nacimiento del consumismo y del negocio más descarado. Las Navidades son unas fiestas alegres por lo que la tristeza no tiene cabida, parece que es el lema de estas fechas. Vamos, lo qué digo parece que cada vez el espíritu navideño a desaparecido y ahora lo ha reemplazo una imposición regañona. En fin, cada vez siento que la magia que recordaba ha desaparecido. Se ha esfumado. Y la magia a sido sustituido por la boca hambrienta y voraz del consumismo.
Siento que las fiestas navideñas, son cada vez menos fiestas, y más una rutina. Y si lo sumamos a todo esto las terribles cuestas de principio de año mis ganas de Navidad se deshinchan cada vez más. Sin embargo a pesar de todo lo que os cuento, no significa que no me guste la Navidad, sino que cada vez me provoca una gran indiferencia. Y sin embargo, lo único que me hace no dar el paso de la indiferencia a decir que no me gustan estas fechas son las miradas de los niños cuando llegan estas fechas. El entusiasmo de los más pequeños cuando van a dejar sus cartas a los Reyes Magos. Las caras de la gente al ver el alumbrado de las calles en estas fechas. Los rostros hinchados de entusiasmo de un crio al ver a los Reyes Magos la noche de reyes. El ¡Ya es Navidad! de los pequeños. Siento entonces que tal vez para mí la magia de la Navidad habrá desaparecido pero para los ojos de otros la Navidad aun rezuma magia a raudales.

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